Bien dicho Principito "lo esencial es invisible a los ojos"
Un día como cualquier otro, tuve que ir a mi cita oftalmológica, lamentablemente desde la edad de 3 años poseo una deficiencia visual, fui a mi cita acompañada de mi mamá, para ese entonces tendría alrededor de 12 años ¡ya casi entrando a la adolescencia! y como toda adolescente deseaba lucir hermosa, y para mi ¡LAS GAFAS! no entraban en mi concepto de belleza, así que iba a mi cita con toda la intención de que me quitaran eso tan HORROROSO que obstaculizaba el alcanzar mi parámetro de belleza, llegue muy entusiasmada porque citas atrás me habían dicho que si utilizaba mis lentes muy juiciosa, tal vez para ese entonces ya no los tendría que usar nunca más en mi vida, si, leyeron bien, NUNCA MÁS, oír eso, para mi, fue la gloria, así que como toda niña ingenua ¡me creí el rollo éste! prácticamente dormía y me bañaba con las gafas. Finalmente llegue a mi cita tan feliz y expectante, tuve que esperar unos minutitos afuera mientras el Doc se desocupaba, pero yo ¡EMOCIONADA!... todo era felicidad para mi, como estaba segurísima de que no tenía que usar esas cosas tan feas nunca más en mi vida, casi le digo a la niña de recepción: "no te preocupes, echemos esto ya a la basura y no hagamos perder tiempo al Doctor" pero no, me contuve, así que llego mi turno de entrar al consultorio y allí estaba yo, feliz, caminando entre las nubes (de ilusiones e ingenuidad), me empezaron a revisar los ojos y a hacer todos los exámenes correspondientes y ¿qué creen? si, eso que pensaste, eso es... tenía que seguir utilizando LAS GAFAS, quien sabe por cuánto tiempo más, escuchar eso para mi en ese instante fue lo peor que me había pasado hasta ese momento, sentí como si me hubieran vaciado un balde lleno de agua fría, me sentí tan triste que mi reacción fue salir al balcón a llorar como una magdalena ¡LI-TE-RAL-MEN-TE!, me sentí tan desilusionada y ahí estaba yo, con mi cabeza apoyada en el muro del balcón mirando hacia al suelo, las lágrimas cayendo e inundando el lugar, sin ninguna compasión por la señora que le tocaba trapear después, al instante sentí la necesidad de alzar la vista, mire hacia al frente y me encontré con un letrero que decía ¡SONRÍE!, inmediatamente la expresión de mi rostro cambió de llanto a una enorme sonrisa acompañada de carcajaditas, sentí como Dios (en mi caso), la vida, el destino, no sé en lo que usted que está leyéndome crea, me decía: ¡no llores, sonríe, que todo va a estar bien!.
Hoy después de más de 10 años de ese suceso no ha cambiado el hecho de seguir utilizando gafas, (gracias a Dios hoy por hoy hay estilos muy cool) pero algo si cambió dentro de mi y fue mi manera de ver el mundo, mi entorno, mi visión acerca de la vida y por ende mi caminar en ella, a veces damos por hecho las cosas que nos suceden y no nos detenemos a valorar lo grande que hay en los pequeños detalles, como que por ejemplo; se asome el sol cuando necesitas salir a hacer diligencias o quizá la persona que te encuentras en la calle y te sonríe, sin siquiera conocerte, o que tu familia éste viva, que puedas tener un día más para disfrutar o aún el simple hecho ¡que no es tan simple! de respirar y de tener una nueva oportunidad para amar, disfrutar, abrazar, crear, imaginar y ¿Por qué no para trabajar?, nunca está demás: decir "te amo" a mamá, a papá, a tu pareja, siempre que te levantes o quizás antes de colgar el teléfono o ¿Por qué no llamar en medio de la jornada y solo decir: "te amo" nada más?, dar las "gracias" al conductor del bus que te transportó, a la persona que te atendió en el supermercado, al que te entrego el volante publicitario en la calle, a la persona que te dio la vía para que pudieras pasar, a ese compañero de trabajo o de clases que te explico eso que no entendías, a tu profesor por haberte enseñado algo nuevo o a la persona que te abrió la puerta, nunca demos por hecho las cosas, no creamos que lo que nos sucede es porque así debe ser, veamos todo lo bueno que nos acontece y agradezcámoslo,



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